La baraja de Tarot más antigua que se conoce tiene su origen en la Italia del siglo XIV, donde
un noble italiano hizo pintar a mano una baraja como regalo para la boda de sus hijas. Las
cartas representan los principales aspectos de la vida y muestran lo que podemos aprender de
nosotros mismos. Cada naipe recibe el nombre de Arcano, que significa «misterio», en un
mejor sentido son «explicaciones»: que nos permiten vivir la vida con un mayor grado de
conciencia y, por lo tanto, con mayor capacidad de ser felices. Lo más importante no es lo
qué «hay» en las cartas sino lo que somos capaces de ver en ellas. Según nuestros
conocimientos, veremos en los naipes la representación de leyendas, cuentos mitológicos y
alusiones a «enigmas» y sus respectivas explicaciones.
Además de los “naibi” o naipes básicos para el juego que aparecieron en época bajo medieval, surgieron en la Italia de finales del siglo XIV y a lo largo del siguiente, unas nuevas cartas figuradas que se añadieron a los cuatros palos y figuras de la corte (reyes, emperadores, reinas). Estas nuevas figuras, basadas en cualidades teológicas, símbolos astrológicos, animales y aves, dioses y héroes mitológicos, etc… van configurando las “minchiate” y los “trionfi” (triunfos), una serie de cartas con un valor numérico más alto que las del mazo básico que constituirán las bases de los Arcanos Mayores del tarot moderno.
Las “minchiate” habrían aparecido en Florencia en el siglo XV. Tenían 97 cartas que comprendían los palos básicos y las cartas de la corte (sota, caballo, reina y rey) a los que se añadían como Arcanos Mayores los 12 signos del zodíaco, las 4 virtudes, y los cuatro elementos. La primera aparición documentada de las “minchiate” como un juego de cartas se encuentra en una carta de 1466 de Luigi Pulci a Lorenzo de Médicis; el segundo en una sentencia de condena por blasfemia que data del 20 de mayo de 1471 y se conserva en el Archivo Estatal de Florencia.
Con la llegada del Renacimiento, la cultura se abre a nuevas influencias: Por un lado, el acceso a la herencia del mundo grecorromano con su arte y cultura. y por otro, a saberes muy antiguos considerados ocultos tales como la cábala, los jeroglíficos egipcios, la astrología o el arte de la alquimia, que, aunque desarrollada ya en época medieval, en esta época conoce una nueva edad de oro gracias al redescubrimiento de corrientes filosóficas e iniciáticas como el neoplatonismo, el neopitagorismo y el pensamiento hermético.
El origen exacto del tarot sigue siendo un misterio. Leveratto menciona algunas de las culturas que se atribuyen su creación.
Una posibilidad es que haya surgido del Cábala. la autora explica que “dicen que el tarot se basa en las enseñanzas de la Tora”. Leveratto refiere lo siguiente: “Se dice que, al recibir Moisés las Tablas de la Ley, y siendo su pueblo mayormente analfabeto; utilizó estas imágenes para poder trasmitir las enseñanzas de Dios a su pueblo”.
Otros señalan a la civilización del Antiguo Egipto como el lugar de origen de los arcanos. Leveratto cuenta que “basan el origen del tarot en el Libro de Thot, el dios de la sabiduría”. Esta deidad “era el dios contador de estrellas, inventor de la escritura y maestro de las palabras de Poder”. Thot se asociaba también con la figura de Hermes Trismegisto para los griegos.
“Cualquiera haya sido su origen, es fácil imaginar el poder que debió tener el tarot como instrumento de comunicación profunda; por el simple hecho de manejarse con imágenes cargadas de simbolismo inconsciente humano”, escribe Leveratto.